¡No te comás las uñas!

El hábito compulsivo de comerse las uñas, onicofagia, es una conducta que busca principalmente reducir la ansiedad. Suele iniciar en la niñez o la adolescencia y es común que se presente en episodios que involucren una mayor carga emocional. 

La onicofagia, puede ser trasladada a acciones como morder lápices u otros objetos, tocarse el cabello regularmente o incluso fumar, cuando no se elimina en la niñez. Las personas que presentan este hábito suelen mostrar poca consciencia de la ejecución de las conductas, además de dificultad para controlarlas, modificarlas o eliminarlas.

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Para facilitar el control y la eliminación de este hábito, se deben conocer los posibles detonantes del desarrollo de la onicofagia. Dentro de estos, se incluye la búsqueda de calma de estados de ansiedad o estrés detonados por situaciones como: divorcios, procesos de duelo, exámenes o proyectos, relaciones sociales negativas, situaciones de violencia, ambiente hostil, entre otros. También puede evidenciarse en presencia de crisis obsesivas, donde la onicofagia se realiza compulsivamente. 

Algunas características como baja tolerancia a la frustración, enojo constante, baja autoestima, timidez y perfeccionismo son rasgos que pueden llevar a una persona a desarrollar onicofagia.

Este hábito puede traer diversas consecuencias a nivel dental como problemas en los dientes y las encías, aumentando las probabilidades de desarrollar caries o alterar gradualmente la mordida.

A nivel físico, las consecuencias en las uñas y dedos pueden ser deformación de la cutícula, verrugas, infecciones, inflamación y elevación de los bordes laterales del dedo, así como pérdida total de la uña en casos más graves. Una vez que las uñas crezcan puede existir daño provocado por inflamaciones y dolorosas lesiones sin cicatrizar.

En el sistema digestivo y respiratorio se pueden desarrollar complicaciones al ingerir las uñas, como reacciones inflamatorias en la faringe, infecciones o complicaciones en el tejido pulmonar al aspirar tractos de uña. 

Emocionalmente los niños y jóvenes pueden presentar sentimientos de vergüenza por la apariencia de sus manos, lo que puede llevar a repercusiones a nivel interpersonal.

10 Consejos para abordar la situación en el hogar

  1.  Reaccionar con naturalidad ante el problema, sin generar tensión.
  2. Aumentar la confianza en los niños y jóvenes para establecer espacios de comunicación.
  3. Crear un ambiente tranquilo y relajado, que permita canalizar la ansiedad o el estrés de manera positiva. 
  4. Fomentar la expresión emocional y de necesidades que facilite la solución del problema.
  5. Indagar las causas que llevan al desarrollo y mantenimiento de la conducta. Para esto, se puede crear un registro de los momentos en los que se realiza la conducta, el detonante que la provocó, así como la frecuencia e intensidad con que se presenta.
  6. Desarrollar técnicas de relajación que permitan canalizar las conductas ansiosas, desviando la atención de sus manos: respirar profundamente, girar un brazalete sobre la muñeca o presionar un objeto suave como una bolita un globo con harina.
  7. Sustituir las conductas por otros intereses, como tomar agua, comer una fruta, salir a caminar o jugar.
  8. Utilizar esmaltes consabor desagradable.
  9. Explicar la importancia del lavado de manos, del cuidado de las uñas y de los posibles inconvenientes de comer sus uñas. 
  10. Motivar sus intentos por eliminar la conducta, usando un reforzador positivo: comer un helado, ver una película (evitar que sean juguetes); cuando logre reducir la conducta.
  11. Mantener límites firmes en casa que faciliten la eliminación del hábito.

En casos en los que estas técnicas resultan inefectivas o las conductas sean recurrentes, se recomienda iniciar una intervención psicoterapéutica ya que es necesario trabajar en la causa emocional, como complemento a la limitación paulatina de la onicofagia.

 

María Pía Rivera Schmidt
Psicóloga de Preescolar