Mi hijo es adolescente…

¿Por qué ha cambiado nuestra comunicación?

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La adolescencia trae consigo un sin número de cambios en nuestro hijos;

Entre ellos la comunicación, ya que se torna más hermética. Estos cambios, en muchas ocasiones, se deben a que los jóvenes se sienten incomprendidos, sus dificultades no reciben la atención merecida, o bien, al conversar sobre un tema difícil con sus padres terminan siendo regañados o teniendo consecuencias porque existe poca apertura al diálogo. Para poder mejorar esta experiencia de comunicación con nuestros hijos adolescentes, es importante considerar los aspectos que perjudican el proceso de comunicación:

·       Poca disponibilidad: Aunque creamos que los adolescentes nunca tiene muchos pendientes, ellos tienen ocupaciones que son importantes para ellos: hablar con sus amigos, estudiar, compartir con su novio (a), utilizar electrónicos, navegar por internet, revisar sus redes sociales, escuchar música, entre otros. Si interrumpimos estas actividades, será difícil establecer una comunicación exitosa.

¿Qué debemos hacer? Podemos crear un código con ellos para hacerles saber que necesitamos un espacio para conversar y acordar un momento específico para hacerlo, otra opción es un libro de notas donde se intercambian preguntas y respuestas (esta es una buena estrategia para los chicos más herméticos o que se les dificulta expresarse verbalmente).

·       Mal humor o estado de ánimo cambiante: En esta etapa hay constantes cambios de humor, que, en su mayoría de veces, carecen de una razón de ser, simplemente sucede. Si buscamos conversar cuando están de mal humor, la fluidez del diálogo será muy escabrosa; nos toparemos con una persona mal humorada, irritable, estresada o sensible.

¿Qué debemos hacer? Aprender a conocer su estado de ánimo, detectar los momentos de apertura y buen ánimo y acercarnos a ellos para hablar y poco a poco guiar la conversación al tema que nos interesa. Otra buena opción es crear “citas” de madre/padre e hijo (a), permitir que se sientan especiales en un espacio exclusivo para ellos y busquen el camino para una buena conversación.

·       Negativa para conversar de temas delicados: Como jóvenes, la mayoría no quiere diálogos acerca de obediencia, autocuidado, respeto, notas, fiestas, noviazgo, salidas… sin embargo, esto no debe ser una excusa para evitar tratar temas de gran importancia.

¿Qué debemos hacer? No incluir en las conversaciones cotidianas este tipo de temas si sabemos que mostrarán resistencia. Para conversar sobre estas temáticas, es importante crear un espacio adecuado, de abordaje exclusivo, tomando en cuenta que sea una conversación privada, sin ponerlos en evidencia y sin otros miembros de la familia presentes; así como dejar claro desde el inicio que el objetivo es conversar, no brindar un largo discurso que terminará en un castigo.

·       Definitivamente, mi hijo (a) no quiere hablar: Debemos tener presente que muchas veces el no comunicar algo a los padres forma parte del desarrollo psicológico del adolescente, ellos tienen la necesidad de “guardar ciertos secretos” a sus padres; entonces no nos debe resultar extraño que en un intento de diálogo nuestros hijos se nieguen a conversar.

¿Qué debemos hacer? No tomarlo personal. Si no quieren conversar, se debe respetar su espacio, lo importante es continuar fortaleciendo la comunicación y el interés en ellos.

La comunicación con nuestros hijos adolescentes no es una meta difícil de cumplir si aprendemos a conocerlos, reconocer su lenguaje verbal y no verbal y saber cuáles son los momentos propicios para hacerlo y sobre todo… la clave está en nunca darnos por vencidos y siempre estar anuentes a escucharlos.

 Johanna Muñoz Mora.

Psicóloga Secundaria

Departamento de Apoyo Integral

Saint Mary High School