Bullying: Epidemia dentro y fuera de las aulas

 En el momento en que el trato de los pares a través de actitudes como la represión, la discriminación, la violencia sexual o física, el acoso cibernético, sobrenombres mal intencionados, ponen en riesgo la integridad de una persona, es necesario establecer un alto.

En el momento en que el trato de los pares a través de actitudes como la represión, la discriminación, la violencia sexual o física, el acoso cibernético, sobrenombres mal intencionados, ponen en riesgo la integridad de una persona, es necesario establecer un alto.

 
 

Al retroceder en el tiempo…

... y rememorar algunas vivencias de primaria y secundaria; sin duda habrán muchas experiencias personales, que como adultos, lleven a cada uno a cuestionarse la existencia de “bullying” en su historia personal. En el vivir de unas décadas atrás, muchas conductas podían visibilizarse o desestimarse, justificadas en un trato común entre jóvenes.

No obstante, en el momento en que el trato de los pares a través de actitudes como la represión, la discriminación, la violencia sexual o física, el acoso cibernético, sobrenombres mal intencionados, ponen en riesgo la integridad de una persona, es necesario establecer un alto. El colegio, debe proyectarse y promoverse como un espacio para sentirse seguro.

Cuando un joven es víctima de acoso escolar, vive con temor e inseguridad: se muestra nervioso, tenso e inseguro. Puede rehusarse a asistir al colegio; fingiendo dolores de estómago, de cabezo o externándolo abiertamente sin un motivo aparente o puede mostrar, una conducta  a la defensiva que previamente no presentaba.

Las historias de jóvenes que presentan implicaciones significativas, porque no logran lidiar con las situaciones de violencia, cada vez son más frecuentes y las edades de las víctimas cada vez son menores.

El bullying NO es un tema de moda, no es una excusa para crear conflictos con otros compañeros; mucho menos una “tontería de jóvenes” o un problema menor. La realidad muestra que el bullying es un acto real, inaceptable, que debe intervenirse desde un enfoque formativo.

Es importante prestar atención a pequeños detalles, ya que podrían ser alertas de que un joven está siendo víctima de acoso escolar.

Enfoquemos la atención en las siguientes conductas:

·       Aislamiento.

·       Cambios en la conducta regular.

·       Comentarios sórdidos o desconcertantes.

·       Irritabilidad o tristeza repentina.

·       Abandono de intereses o actividades que solían frecuentar.

·       Manifestaciones ansiosas como morderse la uñas, comer poco o en exceso, manipular su cabello con frecuencia, conductas repetitivas, entre otras.

·       Expresión de bromas pesadas cuando comparten en casa.

·       Disolución de los subgrupos de amigos dentro o fuera de la institución

La mejor estrategia para proteger a la juventud del matonismo o de sus implicaciones es la atención constante de posibles cambios de conducta en cada uno de ellos, y la observación atenta de estos indicadores.

El silencio es el peor enemigo, obviar o minimizar una situación de violencia puede incrementar las consecuencias a largo plazo. Si existe una sospecha de la existencia de acoso escolar, o el protagonismo en la práctica de este, es vital solicitar apoyo especializado, tomar como insumo los servicios de atención integral de la institución  en que están los estudiantes para unificar esfuerzos en la puesta en marcha de estrategias para contrarrestarlo.

 

 

Johanna Muñoz

Psicóloga de Secundaria

Saint Mary School