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Ataques de Pánico: ¿qué hacer?

 

En el contexto europeo de la época victoriana, Sigmund Freud se preguntaba acerca de los síntomas de los cuales se aquejaban sus pacientes: nervios, temblores, mareos, ahogo y una sensación de “voy a morir”, configuraban una patología que se presentaba continuamente en diferentes sujetos y situaciones. 

El cuerpo presentaba signos de algo aparentemente incomprensible y “atacaba” las facultades de los individuos, por ejemplo el temor a caminar solo o alguna tarea cotidiana se tornaba angustiosa.

Las condiciones de los tiempos actuales son muy distintas, sin embargo, ciertos indicadores persisten y se muestran vigentes ante el ritmo acelerado e inmediatez de las demandas cotidianas. Los menores no están exentos de estos alcances, y en la experiencia escolar, se observa un incremento de dichos síntomas, sea al presentarse un examen definitorio, un proyecto o una presentación.  

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El estudiante, puede llegar a experimentar estas sensaciones que provocan desazón, confusión, parálisis de su actividad e interrogantes a su alrededor. Desde “fobias escolares”, hasta “ansiedad de matemáticas”, signos que llaman la atención y preocupan a las familias.

Para tratar dichos signos, se debe evitar categorizar estos elementos con prácticas y “recetas”. Cada chico que presenta ansiedad o ataques de pánico tendrá sus antecedentes particulares que le conllevan a “sufrirlo”. Por ello, una intervención psicológica podría ser la clave para conocer el síntoma y dar herramientas para superarlo.

En este panorama, el centro educativo puede tomar en cuenta las siguientes estrategias para apoyar al estudiante:

 

  • Comprender el pánico: Involucra, desde afuera, comprender por qué ahora, “No puede hacer lo más simple que es ir al cole… o cumplir con sus deberes básicos”, aun cuando se piense que es “una exageración.” Por lo que la comunicación es clave para comprender la situación. Tratar de pensar qué acciones o elementos lo disparan, desde cuándo comenzó el padecer y solicitar la ayuda pertinente.

 

  • Comprender que le puede pasar a cualquiera: El afectado no comprende por sí mismo qué le sucede, se frustra, trata de responder a las exigencias, pero éstas les “ganan”. Podría sentir malestares a nivel físico, palpitaciones, sudoración, incluso desvanecimientos: una sensación que les recorre el cuerpo que alerta que “algo está mal y algo va a pasar”. El padecer es inoportuno, aparece cuándo menos se espera.  El joven puede ser un excelente estudiante, haber estudiado con gran empeño; sin embargo, puede sentirse indispuesto para rendir el examen pendiente o asistir a su presentación. 

 

  • Es clave no minimizar los signos: Ser comprensivos y solicitar la ayuda profesional con prontitud. Hablarlo en familia, generando un ambiente distendido y confiable, siendosoporte y no un motor más de ansiedad.

 

  • Sondear posibilidades de tratamiento: Se recomienda utilizar otros apoyos,  dejando el fármaco como último recurso y no como la solución. Analizar si hay problemas a nivel familiar, pérdidas recientes, alguna situación traumática, desarrollo adolescente, conflictos con pares, otros, que puedan estar generando el fenómeno. 

 

  • Informar a la Institución Educativa: Se subraya la importancia de un acompañamiento profesional. Algo sumamente importante es involucrar a la institución educativa, informarla de estos hechos con tal de apoyar el tratamiento y no obstaculizar el proceso. Se debe sensibilizar y no categorizar o pensar que el estudiante saca ventaja a dicha condición, ya que nadie querrá estar en esa posición.

 

Se debe procurar ser figuras de autoridad modelo: responsables y amorosos, comprometidos a dar lugar a los menores: escucharlos y apoyarlos ante sus obstáculos, buscando las mejores opciones para ellos. Los ataques de pánico y la ansiedad se pueden intervenir, creando una espacio que dé paz y equilibrio en la salud de los chicos. 

 

 

M.Sc. Erick Calvo Coto
ecalvo@saintmary.ed.cr
Saint Mary School